Historia
Los primeros vestigios de la historia de La Alberca hay que buscarlos en la prehistoria, cuya huella permanece en las pinturas rupestres de la época del neolítico en numerosos canchales y riscos de los valles que rodean a La Alberca: Lera y Las Batuecas.
En la Edad Media, entre los siglos XII y XIII se produjo la repoblación por decisión del rey Alfonso IX. Del flujo de gente que llegó a esta tierra, parte destacada fue la de origen francés a través de D. Raimundo de Borgoña, noble francés casado con doña Urraca, una de las hijas de Alfonso VI. Este origen justificaría la numerosa presencia de topónimos franceses en la Sierra de Francia.
Al final de la Edad Media destaca un hecho de importancia capital para la zona: el hallazgo de la imagen de la Virgen de la Peña de Francia (1434), que convirtió el santuario construido posteriormente en un lugar de peregrinación, al que se unieron los peregrinos del Camino de Santiago que seguían el llamado Camino del Sur por la Calzada de la Plata.
En el siglo XVII la Peña de Francia, con su Virgen Negra, es ya citada por Cervantes en El Quijote; el valle de Las Batuecas es para Lope de Vega el escenario en el que se refugian dos enamorados que huyen de la Corte. Desde entonces La Alberca, con la Peña de Francia y Las Batuecas, han sido un escenario convertido en mito, en leyenda.
Esencia mítica que se mantiene en la actualidad en su arquitectura y su paisaje, en sus gentes y costumbres.
Tradiciones
Siguen vivas bastantes costumbres tradicionales en La Alberca, aunque no se descubran a primera vista, ni en un viaje rápido.
Un rito de difuntos, por ejemplo, tiene cotidiana pervivencia: todos los días al oscurecer, recorre el pueblo la esquila de las ánimas, que lleva una mujer que toca en todas las esquinas a la vez que entona una salmodia por las almas del Purgatorio:
«Fieles cristianos acordémonos de las benditas almas del purgatorio con un padrenuestro y un avemaría por el amor de Dios»
Da tres toques con la esquila y continúa con la salmodia:
«Otro padrenuestro y otro avemaría por los que están en pecado mortal
para que su Divina Majestad los saque de tan miserable estado»
Hace sonar la esquila por última vez dando otros tres toques y continúa sin dejar de rezar, hasta completar el recorrido. Mujeres voluntarias la siguen, acompañando sus rezos y sus cánticos.
Rutas
Desde La Alberca, se puede visitar el Santuario de la Peña de Francia donde se venera la Virgen morena de la Sierra, el Valle de las Batuecas, con su convento carmelita y sus pinturas rupestres; y los distintos pueblos serranos: Casas del Conde, Cepeda, Herguijuela, Madroñal, Miranda del Castañar, Mogarraz, Monforte, San Martín del Castañar, Sequeros, Sotoserrano, etc.
Conforman Las Batuecas un verdadero museo de historia natural. Todo un concierto de árboles y arbustos, plantas y flores, dan pureza y color a Las Batuecas.
Pero también la fauna nos ofrece especies como el lince y el buitre, que se hallan protegidos por la Reserva Nacional, o la cabra hispánica, recién introducida.
De la historia del hombre, nos dan fe las pinturas rupestres, en canchales y abrigos. Trazos figurativos esquemáticos de peces, cabras, ciervos, bóvidos, figuras humanas, escenas de caza, barras y signos puntuados..., situados en lugares como los canchal de las Cabras Pintás, la Ermita el Cristo, el Zarzalón, la Umbría la Cotorrina, el Pallón, la Majá de las Torres, de Mahoma...
No han faltado tampoco las leyendas en torno a este lugar. Se trata de relatos que han poblado estos contornos de unas seres viviendo en estado salvaje, carentes de vestido y hasta de lenguaje humano, entregados a una vida natural e inocente... Sustrato legendario que ha sido capaz de alimentar diversas expresiones literarias y cinematográficas, desde Lope de Vega hasta Francisco Nieva, desde Alonso Sánchez hasta Luis Buñuel. |